El contacto con el dolor mantiene abiertos los corazones

Joan Garriga Bacardi

Joan Garriga Bacardi

Dos madres perdieron a sus hijos en el mismo accidente de automóvil. Ambas sufrieron un dolor indecible. Una de ellas, al cabo de un tiempo, recuperó la alegría y sintió la gratitud por el tiempo que había podido disfrutar de su hijo. A medida que iba aceptando su muerte, su corazón se llenaba de ternura y dulzura hacia este hijo y hacia la vida. Cuando hablaba de él ya no lo hacía con pena, sino con la delicadeza y el tono entrañable que usamos para alguien que ha sido una bendición en nuestra vida.

La segunda madre, aún después de diez años del fallecimiento, acudía sin falta al cementerio todos los días, en una especie de ritual que la llevaba a sentirse más cerca de su hijo. En verdad se resistía a soltarlo y despedirlo, y ella misma se sentía cada vez más cerca de la muerte que de la vida. Cuando estaba con gente todavía necesitaba compadecerse por su horrible pérdida y hablar de su viacrucis interminable, con lo cual los demás se iban sintiendo paulatinamente más incómodos y se alejaban de ella. Hacía pivotar toda su vida alrededor de la muerte de su hijo. Y ni siquiera a sus otros hijos o a su pareja les dedicaba la atención que merecían.

Este ejemplo de las dos madres ilustra a la vez el camino del dolor y el camino del sufrimiento. Vemos que quien logra integrar lo difícil, atravesar sus duelos, enriquece la vida. Al revés, quien se queda anclado en sus gemidos, se mira tanto a sí mismo que sus ojos ya no pueden contemplar a los demás ni a la realidad circundante. A todos nos golpea la vida de alguna manera, nos zarandea sin contemplaciones en algún momento. Pero la pregunta clave sigue siendo ¿qué actitud vamos a tomar? ¿Dónde haremos desembocar el duelo terrible que nos hinchó de furia y desconsuelo?

Otro asunto suplementario, aunque no menos importante, tiene que ver con que a muchas personas la desdicha les ha abierto la puerta a una vida más plena. «La desdicha abre el alma a una luz que la prosperidad no ve», reza una sabia frase que muchos han experimentado como cierta. Perder en un nivel puede ser ganar en otra dimensión. Cuando la vida golpea a las personas con reveses terribles, a veces se abre una ventana a una realidad transpersonal, a la comprensión de que somos guiados por una voluntad mayor, a una confianza renovada.

Del libro “Vivir en el Alma. Amar lo que es, amar lo que somos y amar a los que son”
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