¿Cómo percibo a mis padres y cómo puedo tomarlos?

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Por Magda Durán Suárez

Muchas veces, consideramos que nuestros padres no nos han dado lo suficiente y hasta los percibimos distantes y ausentes. Esperamos más de ellos, aunque ya lo han dado todo: la vida. Les exigimos y percibimos que no lo tenemos “todo”, que aún falta algo más y más. Creemos que su “distancia o ausencia” es con respecto a nosotros porque no nos quieren dar más o porque nos niegan lo que “tienen” que darnos.

De esta manera, empezamos a reclamar más de ellos. Criticamos y juzgamos su manera de hacerlo y hasta nos prometemos ser mejores padres llegado el momento. Nos quedamos en el resentimiento y en la carencia y buscamos, a toda costa, quién supla ese “vacío”.

Ahora, vamos por la vida, reclamando a todos con quienes nos relacionamos. Sigue sin ser suficiente lo que ya hemos recibido. Entonces, exigimos a nuestra pareja que nos de todo lo que nuestros padres, presuntamente, no nos dieron. Nuestros hijos, también, pueden verse sometidos,  al igual, que todos los que establecen contacto con nosotros (colegas, jefes, subalternos, amigos, conocidos…).

Empezamos a vivir dificultades con lo laboral, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros proyectos y  justificamos nuestras vivencias con todos a nuestro alrededor y principalmente con nuestros padres. Creemos que, por ellos, todo funciona mal.

Cuando logramos darnos cuenta que solo hemos recibido de nuestros padres y no los hemos tomado, toda la dinámica cambia. La mejor manera de tomar a nuestros padres es en el agradecimiento y en el sí a todo como ha sido. Puedo reconocer que mis padres me dieron lo mejor y lo único: la vida, que ha sido el mejor regalo, que por ellos estoy aquí y por ellos han sido posibles todas mis vivencias, que yo soy mi padre y mi madre. Siempre reconociendo, asintiendo y agradeciendo.

Con este reconocimiento, agradecemos a nuestros dos padres. Algunas personas agradecen solo a uno como si la vida hubiera pasado por uno solamente. Es importante dejar de lado las preferencias que, generalmente, surgen de nuestra postura crítica frente a sus actos.   Y ahora, desde nuestro adulto tomamos la vida tal como nos fue dada y asumimos lo que falta y empezamos a fluir con la vida.

Ejercicio:

Para realizar este ejercicio de tomar a los padres, puedes estar en cualquier lugar de tu cotidianidad. Puedes repetir este ejercicio cuantas veces quieras, lo importante es que lo lleves a tu interior hasta que te lo “pongas” y sea parte de tí. Tus padres no necesitan escucharlo, ellos lo ven y lo sienten desde tus vivencias. Evita obligar a tus hijos a decirlo.

“Padres, gracias por la vida que me viene de ustedes. Gracias padre por escoger a mi madre para darme la vida, gracias madre por escoger a mi padre para darme la vida. Ustedes se unieron como hombre y mujer y solo ustedes pueden ser mis padres. De ustedes recibí todo hasta el punto de nacer. Sí a toda la información del sistema familiar que viene de ustedes. Sí a todo como fue: a lo triste y lo alegre, a la abundancia y la escasez, al éxito y al fracaso… Sí, solo con ustedes es posible. Ahora que he tomado todo de ustedes, elijo la vida y decido vivirla a plenitud. Fue suficiente lo que recibí de ustedes, lo que falta lo asumo yo”.

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